Gilles me ha enviado unos documentos interesantes para amenizar las vacaciones de la F1. Para empezar quiero poner esta joya, porque es la historia de uno de los pilotos más grandes, Tazio Nuvolari, toda una leyenda. Supongo que la gran mayoría no habrá oído hablar de él en su vida, así que os recomiendo que leáis con atención. Gracias a Gilles por la aportación.
Hoy os voy a contar una historia para que conozcais un poco mas a la Scuderia Ferrari por medio de uno de los mitos que la hicieron famosa en sus inicios. Tazio Nuvolari “il mantovano volante”, el mejor piloto de carreras de coches de antes de la guerra. Probablemente el mejor de todos los tiempos, salvando las épocas. La historia , que es de fuente ajena a mi, dice así:
Cuando en 1950 una enfermedad que sería terminal tres años después, obligaba al viejo Tazio Nuvolari a retirarse de la competición con el alma encogida y los pulmones destrozados, quedaban atrás 25 años de un fabuloso historial (desde su debut en 1920 más los cinco años sin actividad por la guerra) que contemplaba 277 participaciones en carreras oficiales de todo tipo de las cuales, 107 fueron victorias.
Pero Nuvolari, antes de entrar definitivamente en la historia al inicio de los años 50, formaba parte ya, desde mucho antes, estando aun en activo, de la leyenda. Porque Nuvolari no era solo el hombre que corría en auto y ganaba una carrera, y otra, y otra… Nuvolari también las perdía, también se estrellaba, también, cuando los medios mecánicos no le acompañaban lo que sucedió con bastante frecuencia, se peleaba por un puesto intermedio en el pelotón de cola… Y era en esos momentos en los que Nuvolari forjó aun más si cabe su leyenda.
Nuvolari exprimía el auto de una manera casi sobrenatural que le permitía sacar un segundo de ahorro de donde no lo había, exigiendo al máximo, arriesgando al máximo… todo por arañar medio segundo incluso en carreras donde hubiera necesitado varios segundos enteros para contrarrestar el poderío de los contrincantes. El lo hacía de todas formas, arremetía con su viejo Rocinante colorado contra los gigantes alemanes… y era así como a veces los vencía, logrando incluso alguna vez herirlos en el mismísimo corazón (el Nurburgring). Nuvolari no solo entró en la leyenda por haber ganado en Le Mans, tras 24 horas de infernal lucha, en la última vuelta; también se acrecentaba su mito por haber perdido en Mónaco aquella vez en que tras casi 100 vueltas de enconada pelea fue traicionado por su máquina yendo en cabezay terminó derrotado en el resultado pero no vencido en el espíritu… empujó su máquina hasta que los comisarios le dijeron basta.
Y es así como Nuvolari no fue solo un número que decía que ganó 107 veces. Era también aquel que corrió con la pierna enyesada, o las costillas rotas el día antes y con una faja ortopédica, o solo con tres ruedas, o con un agujero en el depósito taponado con chicle, o con una bajada de presión contrarrestada con una pajita y soplando… porque Nuvolari, tan pequeño, tan flacucho, tenía, todo el mundo lo sabía, un pacto con el diablo que lo hacía superfuerte e inmune a la muerte, y podía así escurrir su auto por el agujero más estrecho entre una maraña de coches accidentados, o agarrar la barra de dirección con la mano cuando perdía el volante, o conducir de noche a toda velocidad con los faros apagados… Nuvolari, todos lo sabían, podía volar.
Y cuando Nuvolari volaba, todo el mundo se quedaba pasmado. Ganara o perdiese, su leyenda se acrecentaba; y verlo conducir al límite ya fuera en la primera o en la última posición, constituyó para varias generaciones un placer sencillamente inexplicable y maravilloso que todos rememoran con admiración viva así hayan pasado décadas. Nuvolari al límite como quien anda por el pasillo de su casa, como ilustra bien la anécdota de aquella vez en Nurburgring, cuando un jerarca Nazi, asombrado de las maniobras del mantovano, le comentó:
- Usted conduce de tal manera que seguro que es consciente de que cualquier día puede morir en la pista. ¿No le da miedo cuando se monta en el auto para correr
- ¿Y usted donde cree que morirá? -Le preguntó Nuvolari.
- ¡Espero que tranquilamente en mi cama! - Contestó el dirigente.
- ¿Y no se pone nervioso cuando se va por la noche a dormir?


